AL OTRO LADO DEL AMANECER
Al otro lado del amanecer,
cuando las pinceladas de acuarela
que despliega tímida la alborada
arrebatan el aliento de ausencia
impuesto por las esferas nocturnas,
resucita el paisaje antes velado
regalando un día más, otro giro
a este planeta de azul melancólico.
Entonces es cuando abrazas la alquimia
de un mundo que parecía dormido.
Al otro lado del espejo roto,
ése que te refleja fragmentado
creando un vil y grotesco mosaico
de tu mirar pálido y desolado
y que te traiciona una y mil veces,
al otro lado, encuentras la niñez
que pensabas hace tiempo perdida
en algún corredor del laberinto.
Entonces es cuando abrazas al niño
que se fue un día y no volvió jamás.
Al otro lado del vetusto lienzo,
aquel paisaje en calma de Constable
que el óleo fusionó con el tiempo,
existe un camino que serpentea
en lontananza hacia el fin de la tarde
perdiéndose entre las leves colinas
que te conduce a los sueños fallidos,
esos que enterraste un día de invierno.
Entonces es cuando abrazas la dicha
de sentir la lluvia en la primavera.